|
Otto Adolf Eichmann, teniente coronel
de las S.S., fue detenido en un suburbio de Buenos Aires en mayo
de 1960. Se le trasladó nueve días después
a Jerusalén, donde compareció ante un tribunal
en abril del año siguiente. Se le acusaba de quince delitos,
entre ellos crímenes contra el pueblo judío, crímenes
contra la humanidad y crímenes de guerra durante le periodo
nazi y, en especial, durante la Segunda Guerra Mundial. Eichmann
se declaró inocente de cada uno de los delitos imputados.
En el relato de Eichmann se observa como algunos judíos
poderosos con sus errores también contribuyeron a que
el genocidio se produjera.
No deja de ser sintomático que Otto Adolf Eichmann
se declarase en todo momento alguien cercano a los hebreos, sionista
incluso, presto a librarlos de la persecución y a convencer a quien
quisiera oírle de que lo que ellos necesitaban era una
patria en la que vivir, lejos del Reich. La solución que
proponía era, pues, la expulsión. Eichmann era,
en conclusión, un idealista. Se debía encargar de
la emigración forzosa de los hebreos, cosa que había
de ser interpretada textualmente: todos los judíos debían
ser obligados a emigrar, es decir, debían ser expulsados.
 |
Eichmann mientras está
siendo juzgado |
Eichmann pasó un año en Viena como Director del
Centro de Emigración de Judíos Austriacos. Fue el
mejor año de su vida como miembro del Partido Nazi según
declaró. Era su primer cargo importante y se propuso demostrar
a los jerarcas que estaba capacitado para llevar a cabo la misión
encomendada: en sólo ocho meses, mientras de Alemania sólo
eran expulsados 19.000 judíos, 45.000 abandonaban Austria
a la fuerza. En un año y medio 150.000 hebreos fueron expulsados
del país centroeuropeo. Incluso durante la guerra salieron
60.000 más, y todos ellos legalmente. ¿Cómo
fue esto posible? ¿Se le había ocurrido a Eichmann
un modo genial de conseguirlo? ¿A él sólo?
Según las autoridades israelitas nadie más que Eichmann
estaba detrás del impresionante mecanismo que permitió
ese conmovedor éxodo, pero esa idea, «fantástica»,
no tenía nada de inocente, pues lo que pasó fue
esto otro:
«A través de la comunidad judía hemos extraído
cierta cantidad de dinero de los judíos ricos que querían
emigrar. Pagando una cantidad y una suma adicional en moneda extranjera,
los judíos tenían posibilidad de irse. El problema
no era lograr que se fueran los judíos ricos, sino librarse
de la chusma judía». Y ese problema no lo pudo resolver
Eichmann, y ya sabemos qué pasó con muchos de los
que no pudieron pagarse el boleto de expulsión.
Se inspecciona la personalidad del acusado. Se estudia también
las relaciones entre legalidad y justicia, asunto que sin duda
aún hoy mancha las páginas de la actualidad. Tres soluciones proponían los
nazis para los hebreos: la primera, expulsarlos; la segunda,
concentrarlos; la tercera, exterminarlos. Para defenderse, Eichmann
dijo que todos los que atendían órdenes del Reich
habían sido culpables por igual, que él no odiaba
a los de raza semita, que no quería hacerles daño
y que por ello no podía ser considerado culpable.
La culpa. El pensador Karl Jaspers reconocía cuatro
tipos de culpas: la criminal -que es la que debe juzgar un Tribunal-,
la política - que es la que debe juzgar un pueblo-, la
moral -que es la que debe juzgar cada conciencia- y la metafísica.
Esta última es la más compleja porque no puede
juzgarse. Es la que nos afecta a todos por el simple hecho de sabemos de la misma especie que un asesino
que ni siquiera en sus momentos más frágiles aceptaba
una culpa moral que equiparara su crimen al castigo que iban a
infligirle. |