Eichmann-1940
 
Eichmann en 1940
 


Otto Adolf Eichmann, teniente coronel de las S.S., fue detenido en un suburbio de Buenos Aires en mayo de 1960. Se le trasladó nueve días después a Jerusalén, donde compareció ante un tribunal en abril del año siguiente. Se le acusaba de quince delitos, entre ellos crímenes contra el pueblo judío, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra durante le periodo nazi y, en especial, durante la Segunda Guerra Mundial. Eichmann se declaró inocente de cada uno de los delitos imputados.

En el relato de Eichmann se observa como algunos judíos poderosos con sus errores también contribuyeron a que el genocidio se produjera.

No deja de ser sintomático que Otto Adolf Eichmann se declarase en todo momento alguien cercano a los hebreos, sionista incluso, presto a librarlos de la persecución y a convencer a quien quisiera oírle de que lo que ellos necesitaban era una patria en la que vivir, lejos del Reich. La solución que proponía era, pues, la expulsión. Eichmann era, en conclusión, un idealista. Se debía encargar de la emigración forzosa de los hebreos, cosa que había de ser interpretada textualmente: todos los judíos debían ser obligados a emigrar, es decir, debían ser expulsados.

Eichmann
Eichmann mientras está siendo juzgado

Eichmann pasó un año en Viena como Director del Centro de Emigración de Judíos Austriacos. Fue el mejor año de su vida como miembro del Partido Nazi según declaró. Era su primer cargo importante y se propuso demostrar a los jerarcas que estaba capacitado para llevar a cabo la misión encomendada: en sólo ocho meses, mientras de Alemania sólo eran expulsados 19.000 judíos, 45.000 abandonaban Austria a la fuerza. En un año y medio 150.000 hebreos fueron expulsados del país centroeuropeo. Incluso durante la guerra salieron 60.000 más, y todos ellos legalmente. ¿Cómo fue esto posible? ¿Se le había ocurrido a Eichmann un modo genial de conseguirlo? ¿A él sólo? Según las autoridades israelitas nadie más que Eichmann estaba detrás del impresionante mecanismo que permitió ese conmovedor éxodo, pero esa idea, «fantástica», no tenía nada de inocente, pues lo que pasó fue esto otro:

«A través de la comunidad judía hemos extraído cierta cantidad de dinero de los judíos ricos que querían emigrar. Pagando una cantidad y una suma adicional en moneda extranjera, los judíos tenían posibilidad de irse. El problema no era lograr que se fueran los judíos ricos, sino librarse de la chusma judía». Y ese problema no lo pudo resolver Eichmann, y ya sabemos qué pasó con muchos de los que no pudieron pagarse el boleto de expulsión.

Se inspecciona la personalidad del acusado. Se estudia también las relaciones entre legalidad y justicia, asunto que sin duda aún hoy mancha las páginas de la actualidad. Tres soluciones proponían los nazis para los hebreos: la primera, expulsarlos; la segunda, concentrarlos; la tercera, exterminarlos. Para defenderse, Eichmann dijo que todos los que atendían órdenes del Reich habían sido culpables por igual, que él no odiaba a los de raza semita, que no quería hacerles daño y que por ello no podía ser considerado culpable.

La culpa. El pensador Karl Jaspers reconocía cuatro tipos de culpas: la criminal -que es la que debe juzgar un Tribunal-, la política - que es la que debe juzgar un pueblo-, la moral -que es la que debe juzgar cada conciencia- y la metafísica.

Esta última es la más compleja porque no puede juzgarse. Es la que nos afecta a todos por el simple hecho de sabemos de la misma especie que un asesino que ni siquiera en sus momentos más frágiles aceptaba una culpa moral que equiparara su crimen al castigo que iban a infligirle.

   
  ©1999 Juan Luis Jimeno (c)(p) juanluis@juanluis.biz